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¿Malos modales?

Ayer, 29 de febrero de 2012, por intermedio de un amigo me contactó una joven periodista del diario La Nación solicitándome un "testimonio" para una nota sobre malos modales que saldría en la sección "Sociedad" del diario. En el mail me hizo las siguientes preguntas:
  • Cuáles son los malos modales que más notás (en la calle, en restaurantes),
  • A qué creés que se debe (temor por la inseguridad, el hecho de vivir a las apuradas, falta de educación)
  • Cuál es el que más te molesta,
  • Si notás un gran cambio en los últimos años,
  • Si recordás alguna anécdota en la que hayas presenciado algo que hace mucho hubiese sido insólito o un escándalo,
  • Qué prácticas comunes y toleradas hoy en día eran consideradas de mala educación antes....
Les copio la respuesta que, demás está decirlo, hace caso omiso de las preguntas:
Estimada,
 
Antes que nada: nadie puede arrogarse el derecho de establecer cuáles son los buenos o malos modales, considero que hacerlo es un acto de soberbia y arrogancia propio de quien considera al otro un inferior al que debe imponérsele una forma de ser. Los que suelen llamarse “buenos modales” son, al fin y al cabo, convenciones implícitas que permiten relacionarnos con cierta facilidad con los otros, no más que eso. Esas convenciones son relativas a un momento, un lugar y una cultura, quien haya viajado puede dar fe de ello. Podríamos citar múltiples ejemplos de actitudes que pasarían por normales aquí, hoy,  y que, del otro lado del mundo, serían consideradas una ofensa terrible. Además, estas convenciones también suelen evolucionar con el tiempo, adaptándose a las circunstancias del entorno que rodea a los sujetos. Vemos a diario en los medios de transporte que la simple condición de mujer o la edad avanzada no aseguran hoy, de ningún modo, que algún joven, de cualquier sexo, se levante para ceder el asiento. Hace unos años esto hubiera resultado en un pequeño entredicho o en una amonestación pública a quién, haciéndose el distraído, no cediera su lugar. Hoy nada sucede salvo que el perjudicado sea una embarazada o un pasajero con alguna disminución física. En líneas generales pareciera que la preocupación por el prójimo a disminuido, cada vez más, ya que cada uno atiende su juego, independientemente de los demás, afectando así, en forma severa, los denominados “buenos modales”. A esto se agrega un creciente desprecio por las normas establecidas, justificando cualquier violación de las mismas bajo la premisa de que “todos lo hacen y no pasa nada”. Luego, ya que el que puede lo más puede lo menos, viene el desprecio por esas normas que facilitan la convivencia con el prójimo. En lo personal, me molesta cuando la violación a las convenciones de las normas de convivencia van más allá de contradecir un modo esperado de comportarse, me refiero a que en muchos casos estos “malos modales” ocasionan perjuicios de todo tipo a quien debe soportarlos.
 
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